domingo, 25 de noviembre de 2012

Flor póstuma.

15  de enero, 1944. 07:30 a.m.

En medio de un reguero de balas que arrancaban la vida desde la raíz, el niño se deslizó a rastras por la nieve. Buscando con una mirada corrompida por la crueldad humana, el escondrijo que había adoptado como hogar en las últimas semanas. Sólo algo le impulsaba a llegar ahí, sólo una cosa. La pequeña vida que ahora se encontraba en sus manos. Su propia hermana, que había tenido que conocer el dolor de perder a su principal protección de pequeña. Y ahí estaba ella, temblando ante el poder del General Invierno que comenzó a golpear con inusual fuerza. El General Invierno es sabio, decían sus padres. Él todo lo hace por una razón.
Se quitó la pesada gabardina y los cubrió a ambos. Le tendió un pirozhki, lo único que había conseguido de los soldados rojos en guardia. Lo devoró en cuestión de minutos. No había mucho que hacer, eran tiempos de soledad, de frío... de tristeza.
—¿Mamá?
Nyet, malyy*. Mamá se fue. No volverá.
—¿Papá?
—Tampoco.
—¿Por qué se fueron? ¿No nos querían?
  Guardó silencio. No podía explicárselo, no podía decirle que murieron. No podía decirles que habían muerto. Ella ni siquiera había tenido tiempo de decirles adiós, no los había visto una última vez, nada.
No lo sé.
   
21 de enero, 1944. 15:36 a.m. 

 Había salido a buscar más alimentos. Su situación se había vuelto insostenible. Su pequeño capullo estaba agonizando, alucinando... Si seguía así, ella... No. Apartó los pensamientos de su mente. De hecho, no hacía falta, la noticia que oyó y que comenzó a expandirse fue lo suficientemente buena como para que despertara. Los alemanes se fueron. ¡Victoria! ¡Hemos ganado! ¡Rusia está libre! Corrió, corrió, corrió hasta donde estaba ella, a todo lo que daban sus piernas. Tenía que sacarla de ahí, tenían que festejar, tenía que buscar alguien que los cuidara, tenía que... Disminuyó el ritmo cuando vio a los soldados y los saludó, les sonrió. Pero ellos no. Lo vieron con una mirada triste, y bajaron las cabezas. Se fueron. Le restó importancia y apuró el paso. Estaba feliz, tenía que decírselo, quería ver su cara feliz.
¡Malen'kiy kokon!*
No hubo respuesta.
—¡La guerra ha terminado! ¡Somos libres, podemos salir! ¿Me oyes?
La emoción se fue disipando de su rostro. Su hermana no se movía, no oía, no contestaba.
No respiraba.
Se acercó hacia ella y la tocó, con miedo. Estaba fría, estaba pálida, y tenía una sonrisa, una expresión de nivel celestial. Sonrió. No podía llorar, sonrió. Una sonrisa rota, enferma, adolorida.
Tsvety , moy malen'kiy . Bud'te schastlivy.*
 
Estaba muerta.
Muerta.
Su hermanita.
Y él ya no podía llorar.


N/A.
*Nyet, malyy: No, pequeña.
*Malen'kiy kokon: Pequeño capullo.
 *Tsvety , moy malen'kiy . Bud'te schastlivy: Florece, mi pequeña. Sé feliz.
   

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