jueves, 1 de noviembre de 2012

Lejos.

¿A dónde vas?
—No lo sé. Lejos.
Los ojos azules de la niña se fijaron en los ambarinos de su acompañante y bajó la vista.
¿Volverás alguna vez, Malkav?
—No.
Ahora se puso peor. Por un momento fue incapaz de distinguir la figura de su acompañante de las lágrimas que se hacían presentes en la cuenca de sus todavía inocentes ojos y bajó la cabeza. Le daba vergüenza llorar.
No llores, Harmonie. No lo hagas. Tienes que ser fuerte.
Los brazos aún delgados del niño de aproximadamente diez años abrazaron la figura frágil y golpeada de la niña que se aferró a él, débilmente. Los golpes que sufría en su propia casa eran lo suficiente como para que él fuera su único consuelo en ese momento.
¿Te volveré a ver alguna vez?
—Probablemente. Pero ten en cuenta que por más de que no nos volvamos a ver nunca jamás, siempre permanecerás en mi recuerdo.
La rubiecita se separó de él y se enjugó las lágrimas mientras miraba hacia atrás, esperando que la criada no la pillara o que sus padres no llegaran del trabajo. La golpearían más de lo que ya lo estaba.
¿Harás algo malo alguna vez, Chris...?
—No tengo la respuesta a ninguna de tus preguntas. Pero no te preocupes, no experimentarás lo malo nunca. Te lo prometo.

Y entonces, se fue para siempre.
Se fue por un camino del que no regresaría jamás.
     
 

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