miércoles, 3 de abril de 2013

Voces.

Ayer lo vi.

De hecho, lo veo todos los días. Es un hombre bien parecido, delgado, de vaporosas hebras rubias que bailan graciosamente en rizos brillantes, una nariz fina y labios carnosos y sensuales; que denotaban una vida de plenitud carnal. Tiene una sonrisa amplia, coqueta... Pero sin embargo, falsa. No es que sepa mucho de sonrisas, pero basta ver cómo sus ojos apagados no reciben la luz de la comisura curvada de sus labios.

Sale por las mañanas y no vuelve hasta bien entrada la tarde. Vive en el departamento arriba del mío y me saluda todas los días al irse. Cuando sube a su departamento yo... Yo...

Oigo voces.

Oigo gritos, oigo risas, oigo llantos, todos en distintos tonos de voces... A veces hermosas y agradables, otras veces tan insoportables que no podían caber en mi mente y le golpeaba la pared de al lado hasta que se callaran o simplemente salía a dar un paseo hasta que las voces se extinguieran. Llegué a pensar que era un producto de imaginación, que estaba loca... Cuando en realidad eran las voces que escuchaban las que me volvían loca.  Naturalmente... Tardé un poco en darme cuenta.

Todas las veces, absolutamente todas en las que coincidíamos a la misma hora me dibujaba una sonrisa con un furioso sonrojo en sus pálidas mejillas; que denotaban vergüenza y un deje de disculpas por el ruido que hacían los lamentos allí adentro.

Una noche  fui a golpearle la puerta rotundamente. Las voces se callaron, se volvieron susurros, se apagaron... Como si cuchichearan entre ellas. El hombre bien parecido me abrió la puerta y dibujó la sonrisa condescendiente que se veía obligado a bosquejarme todos los días en todos nuestros cruces.

—Francamente, pensé que te comenzabas a tardar...— Dijo; y advertí un brillo inusual en su mirada, como si fuera iluminada por su sonrisa artificial.
¿Qué quieres decir? Explícate.
—Que te he estado esperando mucho tiempo.
—...Sigo sin comprender.


Quiero decir que eres tú. Eres tú quien oye mis voces. 
 Eres tú para quien no desaparezco.


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