Haré un diseño de sangre y hundiré las manos en tu pecho para sujetar tibio y palpitante tu corazón, pequeño y frágil. ¡Qué maravilla su latir desfasado ante las irregularidades de tus pensamientos enfermizos! Efímera maravilla, no me cierres tu mundo, no me dejes atrapado y encerrado; no me dejes relegado...
domingo, 7 de abril de 2013
Artista profano.
Haré un diseño de sangre y hundiré las manos en tu pecho para sujetar tibio y palpitante tu corazón, pequeño y frágil. ¡Qué maravilla su latir desfasado ante las irregularidades de tus pensamientos enfermizos! Efímera maravilla, no me cierres tu mundo, no me dejes atrapado y encerrado; no me dejes relegado...
miércoles, 3 de abril de 2013
Voces.
De hecho, lo veo todos los días. Es un hombre bien parecido, delgado, de vaporosas hebras rubias que bailan graciosamente en rizos brillantes, una nariz fina y labios carnosos y sensuales; que denotaban una vida de plenitud carnal. Tiene una sonrisa amplia, coqueta... Pero sin embargo, falsa. No es que sepa mucho de sonrisas, pero basta ver cómo sus ojos apagados no reciben la luz de la comisura curvada de sus labios.
Sale por las mañanas y no vuelve hasta bien entrada la tarde. Vive en el departamento arriba del mío y me saluda todas los días al irse. Cuando sube a su departamento yo... Yo...
Oigo voces.
Oigo gritos, oigo risas, oigo llantos, todos en distintos tonos de voces... A veces hermosas y agradables, otras veces tan insoportables que no podían caber en mi mente y le golpeaba la pared de al lado hasta que se callaran o simplemente salía a dar un paseo hasta que las voces se extinguieran. Llegué a pensar que era un producto de imaginación, que estaba loca... Cuando en realidad eran las voces que escuchaban las que me volvían loca. Naturalmente... Tardé un poco en darme cuenta.
Todas las veces, absolutamente todas en las que coincidíamos a la misma hora me dibujaba una sonrisa con un furioso sonrojo en sus pálidas mejillas; que denotaban vergüenza y un deje de disculpas por el ruido que hacían los lamentos allí adentro.
Una noche fui a golpearle la puerta rotundamente. Las voces se callaron, se volvieron susurros, se apagaron... Como si cuchichearan entre ellas. El hombre bien parecido me abrió la puerta y dibujó la sonrisa condescendiente que se veía obligado a bosquejarme todos los días en todos nuestros cruces.
—Francamente, pensé que te comenzabas a tardar...— Dijo; y advertí un brillo inusual en su mirada, como si fuera iluminada por su sonrisa artificial.
—¿Qué quieres decir? Explícate.
—Que te he estado esperando mucho tiempo.
—...Sigo sin comprender.
lunes, 1 de abril de 2013
El cuadro del poeta.
Acuarela danzante al suave ritmo de un nocturno; ¡mécete! Mécete ligera ante cada nota. Embelléceme, deslúmbrame con tu cabello de plata líquida que corre como cascada por tu grácil figura de cisne. Cierras los zafiros que llevas por ojos y ahora, tus sentimentales pestañas acaparan mi atención; me mantienen en éxtasis esperando a que vuelvan a mostrarse las piedras preciosas que alguna vez hubiera contemplado. Tu piel de fría porcelana es para mí, sin embargo, como el beso tibio de Gea, como el calor a la rosa...
Déjame diseñar sobre tu piel de mármol las más exquisitas caricias. Déjame pintar los colores del hielo sobre el lienzo que me ofrecen las hebras de tu cabello...
Pertenéceme, muñeca frágil, danza para mí hasta el día en que el Arcano me lleve de tu lado; hasta el día en que tu soberbio rostro muestre alguna expresión de compasión hacia el prójimo quien no es dueño ni merecedor de tu alma como lo soy yo...
¡No me lo niegues, ninfa de plata! ¿No es ésa la razón por la cual continúas a mi lado...?
lunes, 11 de febrero de 2013
Escrito a futuro.
¿Por qué te detuviste?
Me decía su mirada.O eso era lo que leía. Me limité a sonreír y continué con la pieza, casi en modo automático, en un modo en que mis pensamientos volaban lejos de mis dedos, de mis brazos... De mi misma mente.
Era increíble que, a pesar de ser tan diferentes, nunca en nuestra vida nos hubiéramos llevado mal. Nuestros momentos se limitaban a un ¡Lucian, no fumes adentro! Y el pobre tenía que salir afuera para poder terminarse el cigarrillo. Nunca creí que encontraría a alguien que me perfilara, que me conociera tan rápido sin necesidad de tener que contarle todo. Porque ambos notábamos la diferencia entre cuando uno llegaba bien y cuándo había tenido un mal día.
Entonces, nos sentábamos en el sillón y nos mirábamos, hablando en silencio. Nos mirábamos el tiempo que fuera necesario y después nos abrazábamos y cada quién por su lado. Así ha transcurrido mi convivencia con éste hombre. A veces agarra la guitarra y se pone a tocar alguna pieza de guitarra clásica, y me toca a mí sentarme y escucharlo.
Para cuando termino la pieza y vuelvo a la realidad, el gato ya no está y él, a punto de encender un pucho. Sonrío abiertamente. Y entonces, ocurre.
Conversación con el espejo.
—¿Qué es la felicidad?— Cuestionó de repente.
Acostumbrada a sus preguntas y sus explicaciones, miré por encima del libro arqueando la ceja. Tras unos minutos en silencio, como si se burlara de mí al no encontrar una respuesta a su impávida pregunta, cerré el libro y me hundí en el asiento. Siempre haciendo cuestiones sin temer a la contestación que pudiera llegar.
—No lo sé. ¿Qué es?—
—La felicidad no tiene una definición única para las mismas personas.—
—No comprendo.—
Esbozó una sonrisa resignada mirando hacia la madera un instante. Luego, me clavó la mirada fiera y al mismo tiempo serena, calmada. Como la mirada que dirige alguien que no oculta secretos, o que los oculta perfectamente. Nunca había terminado por conocer al reflejo completamente. Extendí un brazo, haciendo ademán de agarrar la taza de café que estaba un poco fuera de mi alcance.
—Por ejemplo, el café te hace feliz. Si no, no te estirarías tanto para alcanzar esa taza que ahora tienes en tus manos y que llevarás a tus labios. Si no, rechazarías que te haya invitado un café. Aceptaste porque te gusta el sabor amargo y dulce que te deja en la boca. Te hacen feliz los libros de esta biblioteca, te hace feliz aspirar el aroma de las páginas nuevas y dejar que las letras te besen de conocimiento. Te gusta mirar la lluvia en invierno. Te gusta dormirte con el gato en la cama sabiendo que no te dejará como los demás te dejaron. Te gusta caminar en la nieve porque a ella no le importa que la pises, o no como al césped. Te hace feliz sentir la lluvia en el rostro, porque es como si pasara a través de los poros de tu piel. Te hace feliz un cigarrillo, aunque sabes que a la larga te hará mal, porque simplemente tus problemas se van con el humo. Te hace feliz el sonido de un violín el cincel para modelar una escultura, el pincel que dibuja un rostro aterciopelado en el cristal húmedo del alma. ¿Comprendes ahora, las cosas sencillas que te hacen feliz?—
No encontré un argumento válido para contrarrestar sus palabras siempre tan acertadas. Sabía lo que me gustara, del derecho al revés, de arriba a abajo. Las pequeñas y las grandes cosas, desde una flor hasta un jet llevando gente al otro lado del mundo. Sonreí y levanté el libro una vez más, y mi acompañante devolvió su vista hacia el fuego.
jueves, 3 de enero de 2013
Su nombre es Alice.
A través de formas y sombras
Alice.
Y aunque está soñando, ella ha develado el significado.
Marchando hacia la lucha.
Bébeme, encógeme,
Lléname para hundirme.





